Nuria Espinosa Aguilera¹ y Pablo Ryan2
Copresidentes del Congreso
1 Hospital Universitario Virgen del Rocío
2 Hospital Universitario Infanta Leonor
E-mail de correspondencia: nurinea@hotmail.com
Los días 11 y 12 de mayo de 2026 celebramos en Valladolid el XXII Congreso Nacional sobre el sida e ITS. El lema que hemos elegido para esta edición, «VIH y +: salud, equidad y sexualidad», resume la idea que ha guiado todo el programa científico y comunitario: hablar hoy de VIH exige ampliar el foco. No basta con atender al control virológico, por imprescindible que este sea. Necesitamos mirar, de forma simultánea, la salud integral de las personas, las desigualdades que condicionan el acceso a la prevención y a los cuidados y la vivencia de la sexualidad como una dimensión inseparable de la salud, de los derechos y de la calidad de vida.
Este planteamiento resulta especialmente pertinente en un momento en el que persisten retos muy relevantes. En España seguimos afrontando nuevos diagnósticos de VIH y el diagnóstico tardío continúa siendo uno de los grandes desafíos de salud pública. A ello se suman desigualdades sociales, barreras administrativas, estigmas persistentes y diferencias en el acceso a estrategias preventivas como la PrEP, a la atención a las ITS, a la salud mental o a los recursos comunitarios. Por eso, la respuesta al VIH no puede reducirse a una mirada exclusivamente biomédica. Precisa, hoy más que nunca, una perspectiva amplia, capaz de integrar la clínica con la salud pública, la investigación con la experiencia vivida y la atención sanitaria con la defensa de la equidad.
Este congreso llega, además, en una nueva etapa para SEISIDA, marcada por la renovación de su Junta Directiva y por la voluntad de reforzar la investigación, la formación y el trabajo colaborativo. Creemos que esa nueva etapa debe seguir sosteniéndose en uno de los rasgos más valiosos de nuestra sociedad científica: su vocación interdisciplinar. El VIH, ayer y hoy, interpela a la medicina, a la enfermería, a la psicología, a la epidemiología, al trabajo social, a la salud pública, a la educación, al derecho y al activismo comunitario. Esa suma de miradas no es un complemento; es la condición necesaria para comprender la complejidad de la epidemia y responder a ella con rigor y humanidad.
HABLAR DE VIH EN 2026
Uno de los objetivos centrales de esta edición ha sido revisar cómo hablamos del VIH en 2026. El lenguaje no es un asunto accesorio: construye imaginarios, condiciona la forma en que la sociedad percibe la infección y puede contribuir tanto a reproducir como a desmontar el estigma. Necesitamos un relato público que incorpore los avances científicos sin caer en triunfalismos, que nombre las desigualdades sin victimizar a las personas y que ponga en primer plano la dignidad, la autonomía y la diversidad de quienes viven con VIH o están expuestos a él.
En este sentido, hemos querido abrir espacios de conversación en los que la clínica dialogue con la experiencia vivida, la comunicación con la evidencia y la intervención comunitaria con las políticas públicas. Pensamos que solo desde esa conversación amplia es posible desmontar mitos, cuestionar inercias y promover respuestas más ajustadas a la realidad. Frente a los discursos simplificadores, necesitamos escucha, matices y una voluntad real de incorporar voces diversas a la construcción del conocimiento. Ese ha sido uno de los hilos conductores del congreso y también una de sus mayores fortalezas.
SALUD INTEGRAL Y CALIDAD DE VIDA
El lema «VIH y +» alude también a todo lo que acompaña al VIH y que en ocasiones queda desplazado a un segundo plano. Hablar de salud integral significa hablar de salud mental, de envejecimiento, de fragilidad, de sexualidad, de vínculos, de soledad, de comorbilidades, de proyecto vital y de calidad de vida. Significa reconocer que los logros terapéuticos de las últimas décadas han transformado la historia natural de la infección, pero también han puesto sobre la mesa nuevas preguntas clínicas, sociales y humanas que requieren respuestas igualmente complejas.
Durante el congreso hemos querido prestar una atención especial a las personas que han vivido muchas etapas de la epidemia y a quienes hoy continúan afrontando las consecuencias acumuladas del estigma, la discriminación o las pérdidas sufridas. La memoria de las personas supervivientes forma parte de la historia del VIH y es, al mismo tiempo, una interpelación para el presente: nos recuerda de dónde venimos, cuánto se ha avanzado y por qué no podemos permitirnos respuestas deshumanizadas o complacientes. Del mismo modo, la salud sexual en la adolescencia, el bienestar de las mujeres con VIH, los procesos de envejecimiento y la salud mental no pueden considerarse cuestiones periféricas. Son dimensiones centrales de cualquier modelo de atención que aspire realmente a cuidar.
EQUIDAD, DERECHOS Y DETERMINANTES SOCIALES
Si hay una convicción que atraviesa este congreso es que el VIH sigue estando profundamente condicionado por los determinantes sociales de la salud. La pobreza, la precariedad, el racismo, la discriminación por orientación sexual o identidad de género, la situación administrativa irregular, la violencia, la exclusión residencial, el consumo de sustancias, la privación de libertad o la soledad no deseada no son contextos secundarios: son realidades que influyen de manera directa en el riesgo, en el acceso al diagnóstico y en la continuidad de los cuidados. Mirar de frente estos determinantes no significa restar importancia a la evidencia biomédica, sino hacer posible que esa evidencia llegue a todas las personas en condiciones de justicia.
Por eso hemos incorporado de manera deliberada mesas y debates centrados en la equidad en salud, en las realidades migrantes, en la prisión, en las adicciones, en los delitos de odio y en las barreras que aún persisten en la atención sanitaria. No es posible avanzar en prevención ni en cuidados si no atendemos a esas fracturas. Tampoco es posible sostener una respuesta eficaz al VIH sin defender marcos de derechos humanos, políticas públicas inclusivas y sistemas sanitarios accesibles. La equidad no es un añadido retórico; es una exigencia ética y una condición de efectividad.
SEXUALIDAD, PREVENCIÓN E ITS
Hablar del VIH en 2026 obliga también a hablar de sexualidad con naturalidad, rigor y ausencia de moralismo. La prevención no puede formularse únicamente desde el miedo, la admonición o la renuncia. Debe incorporar el deseo, el placer, la diversidad de prácticas y experiencias, la educación sexual y el derecho a decidir con información suficiente. Esta perspectiva no reduce la exigencia preventiva; al contrario, la hace más realista, más honesta y más útil.
Las estrategias preventivas actuales exigen un enfoque combinado y flexible, capaz de integrar diagnóstico precoz, acceso a pruebas, PrEP, atención a las ITS, reducción de daños, abordaje del chemsex, vacunación, acompañamiento comunitario y actualización permanente del conocimiento clínico. Pero, además, exigen preguntarnos quién queda fuera, quién accede tarde, quién no encuentra un espacio seguro para consultar, quién teme el juicio moral o quién no puede sostener un seguimiento continuado por motivos sociales o administrativos. Ese ejercicio de autocrítica es indispensable si queremos una prevención verdaderamente útil y una atención a las ITS más normalizada, cercana y libre de estigma.
CIENCIA, CUIDADOS Y ALIANZAS INTERDISCIPLINARES
Fiel al espíritu de SEISIDA, el Congreso 2026 ha querido ser un espacio de encuentro entre disciplinas, saberes y experiencias. Junto a las sesiones plenarias y las mesas de debate, las comunicaciones orales y los espacios de intercambio científico han permitido compartir investigación en epidemiología, prevención, aspectos sociales y cuidados. Nos parece especialmente valioso que estos trabajos convivan con la reflexión comunitaria, con la perspectiva de las personas que viven con VIH y con el compromiso de quienes, desde el activismo y las organizaciones sociales, sostienen respuestas esenciales allí donde los sistemas no siempre alcanzan.
La excelencia científica, en el contexto del VIH, no puede desligarse del cuidado. Cuidar implica escuchar mejor, coordinar recursos, incorporar la experiencia de pacientes y entidades comunitarias, reconocer el papel estratégico de la enfermería, reforzar la atención psicosocial y construir circuitos asistenciales menos fragmentados. Implica también sostener alianzas entre hospitales, atención primaria, salud pública, universidades, administraciones y tejido asociativo. La reunión de coordinadores autonómicos y los distintos espacios de colaboración presentes en el congreso refuerzan precisamente esa idea: la respuesta al VIH y a las ITS será necesariamente compartida o no será suficiente.
Nos gustaría que este monográfico recogiera no solo la calidad científica del Congreso SEISIDA 2026, sino también su dimensión humana. Hemos querido cuidar el contenido, pero también el encuentro; el debate, pero también la escucha; la actualización científica, pero también la posibilidad de reconocernos en un proyecto compartido. En tiempos en los que la polarización empobrece tantas conversaciones públicas, reivindicamos el valor de los espacios donde es posible pensar juntas y juntos, discrepar con rigor y seguir construyendo alianzas.
Confiamos en que las reflexiones reunidas en este número prolonguen las conversaciones iniciadas en Valladolid y sirvan para seguir impulsando una respuesta al VIH y a las ITS que sea más integral, más justa y más cercana. Una respuesta capaz de poner a las personas en el centro, de defender la equidad como principio irrenunciable y de entender la sexualidad como una dimensión inseparable de la salud y de los derechos. Ese es, en definitiva, el sentido de este «VIH y +»: ir más allá del virus para cuidar mejor, prevenir mejor y acompañar mejor.
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