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Donde estamos y hacia dónde caminamos en el VIH

Autora: Arantxa Arrillaga Arrizabalaga
Plan del Sida e Infecciones de Transmisión Sexual. Osakidetza – Servicio Vasco de Salud. Donostia

Un año más hemos asistido y participado en la celebración del Día Mundial del Sida, promovido desde hace tres décadas por ONUSIDA. Han pasado muchos años desde aquella primera efeméride, pero lamentablemente su celebración sigue vigente. Aunque la avalancha de datos a la que asistimos en torno a este día nos acaba provocando una cierta inmunidad, no debería dejar de sorprendernos la magnitud que alcanzan algunos datos epidemiológicos mundiales. La positiva evolución que supone el aumento en el número de personas que conocen que viven con el virus, que acceden a la terapia antirretroviral y que logran la supresión de su carga viral, no puede hacernos perder de vista que cifras como la de nuevas infecciones por VIH se mantienen en niveles humanitariamente inadmisibles.

El lema elegido por ONUSIDA para el día 1 de diciembre de este año ha sido “Vive la vida positivamente: conoce tu estado serológico”. Su propósito, animar a todas las personas a conocer su estado serológico en relación al VIH. Se trata de un lema que entronca plenamente con la Estrategia 90-90-90 presentada por ONUSIDA en 2014 con el objetivo de contribuir al fin de la epidemia del sida en el año 2020.

En los últimos años se han producido importantes avances en la reducción de la fracción no diagnosticada del VIH, pero sabemos que continúan existiendo un sinfín de dificultades para la realización de la prueba del VIH. Esas dificultades son muchas y de diferente tipo, pero las que más calado tienen y por ello más difíciles de superar, son las que provienen del estigma y discriminación asociado al VIH. Son muchos  los estudios que indagan en las dificultades percibidas por parte de los posibles afectados, pero probablemente sería necesaria una mayor profundización en las dificultades que tienes los profesionales para incorporar el VIH a su práctica médica.

Precisamente en este número contamos con dos interesante artículos, que abordan la perspectiva profesional en el abordaje de la prevención y diagnóstico del VIH.

En el primero de ellos es el de Constanza Jacques, que recoge las opiniones sobre prevención del VIH de un grupo de hombres gays profesionales. Es un artículo particularmente enriquecedor ya que aúna dos perspectivas, la del profesional que ha de abordar la labor de prevención y diagnóstico, y la de uno de los colectivos que en estos momentos está sufriendo más intensamente el azote del VIH, el de los hombres que tienen sexo con hombres.

Es un estudio cualitativo, realizado con el método Delphi y que profundiza entre otras cosas en las razones de una mayor vulnerabilidad de este colectivo. Los autores consideran que la falta de políticas contra la discriminación por razones de diversidad sexual y de género, el estigma social relacionado con la homosexualidad, las dificultades afectivas, la disminución en el uso de preservativos y el consumo de drogas son algunas de los principales factores que explican esta vulnerabilidad. El estudio aporta interesantes conclusiones sobre las políticas de prevención e insiste en la necesidad de profundizar en los mecanismos que construyen el estereotipo de la cultura gay y el rol que ocupa en ella el sexo, temas escasamente abordados en el ámbito de la salud pública.

Continuando con abordaje de la perspectiva profesional, N. Orozco analiza también en este número de la revista, la influencia de las actitudes, formación y conocimientos de los médicos de familia en las oportunidades pérdidas de diagnóstico del VIH. El autor concluye, en línea con estudios similares, que las principales barreras percibidas por los profesionales son la falta de tiempo en la consulta y la dificultad del paciente para hablar de las relaciones sexuales. Y nos proporción además un interesante tema para la reflexión, el elevado porcentaje de médicos que sitúan exclusivamente en el paciente las dificultades para abordar la vida sexual en la consulta médica. Es una conclusión importante que nos debe hacer reflexionar, y que nos debería guiar hacia estrategias de formación de profesionales sanitarios en las que no tengan tanto peso la dimensión conceptual y sí mucho más la parte de formación en counselling y habilidades personales.

Así pues, nos queda mucho camino por recorrer en la reducción de la fracción no diagnosticada y en el diagnóstico precoz del VIH, pero este camino es imprescindible para lograr la vinculación de las personas VIH positivas al sistema sanitario, y para alcanzar el tercer 90 de la estrategia de ONUSIDA, la supresión viral.

El hecho de que las personas con VIH consigan tener carga viral indetectable es particularmente trascendental teniendo en cuenta que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC en sus siglas en inglés) han reconocido científicamente que las personas con VIH que están en tratamiento antirretroviral y tienen una carga viral indetectable no transmiten el virus.

Tomando como base esta evidencia científica, la multiagencia para la equidad en salud, Prevention Access Campaign, ha puesto en marcha la campaña  mundial “Indetectable=Intransmisible (I=I)”, cuyo objetivo es trasladar el mensaje de que una persona con carga viral indetectable no transmite la infección por VIH.

Este reconocimiento tiene una enorme repercusión en la salud y el bienestar emocional y social de las personas que viven con el VIH, en la medida en que contribuye a eliminar el miedo provocado por la falsa creencia arraigada en el subconsciente colectivo sobre la fácil trasmisión del VIH.

Gracias a los avances en los tratamientos y en la atención sanitaria, la calidad de vida y el estado de salud de las personas con VIH no tiene, afortunadamente nada que ver con épocas pasadas. Sin embargo todos estos avances conllevan el riesgo de hacernos caer en el espejismo de que las personas que viven con el VIH no tienen dificultades para desarrollar su vida en los diferentes ámbitos sociales. Y nada más lejos de la realidad. La imagen y aceptación sociales del VIH no han evolucionado de forma paralela a su evolución epidemiológica, científica y clínica. No hay más que fijarse en ámbitos como el laboral, o en todo lo referente al tema de las prestaciones y seguros.

De todas maneras, no podemos menos que alegrarnos de que en nuestro país se hayan dado recientemente algunos pasos para avanzar en la erradicación del estigma y la discriminación.

En noviembre pasado el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, a través del Plan Nacional sobre el Sida presentó el Pacto Social por la No Discriminación y la Igualdad de Trato Asociada al VIH. Este pacto es fruto de un largo de proceso de trabajo y se plantea con el objetivo de eliminar el estigma y la discriminación asociados al VIH y al sida. Para ello se compromete a promover políticas y estrategias que favorezcan la igualdad de trato y de oportunidades de las personas con VIH, su aceptación social y que traten de reducir impacto del estigma en las personas con VIH. Asimismo ser propone generar conocimiento que oriente las políticas y acciones frente a la discriminación.

A este pacto tenemos que añadir la reciente aprobación en Consejo de Ministros de la actualización del catálogo de las causas médicas de exclusión en el acceso al empleo público. En la práctica esta actualización supone eliminar, entre otras la infección por VIH como causa de exclusión en el acceso a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en los que seguía operando dicho motivo de exclusión.

Así pues, la evolución científica, clínica, epidemiológica que ha experimentado la infección por el VIH en estos casi 40 años nos proporciona datos objetivos para ser optimistas. Pero nos queda un importante reto, la eliminación de estereotipos y representaciones sociales del VIH, y la creación de un entorno social donde los derechos de las personas con VIH sean respetados. Tenemos todavía mucho trabajo que hacer en la erradicación del estigma y la discriminación, y todos somos imprescindibles en este proceso, los profesionales sanitarios, los activistas y profesionales del entorno comunitario, los políticos, los medios de comunicación, en definitiva todos y cada uno nosotros.

 

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