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Realidades migrantes y VIH: una perspectiva clínica. SEISIDA 2026

María Velasco Arribas
Hospital Universitario Fundación Alcorcón. Madrid
E-mail de correspondencia: mvarribas@gmail.com

La relación entre migración y VIH constituye un fenómeno clínico, epidemiológico y social de creciente relevancia en España. Lejos de poder abordarse únicamente desde una perspectiva biomédica, exige integrar factores culturales, trayectorias migratorias, desigualdades estructurales, riesgo de adquisición posmigración, diagnóstico tardío, continuidad asistencial y presencia de enfermedades importadas [1]. La migración no es una condición excepcional, sino una realidad constitutiva de las sociedades contemporáneas. Desde esta premisa, la atención a las personas migrantes con VIH debe entenderse como parte esencial de una respuesta sanitaria equitativa, culturalmente competente y clínicamente rigurosa.

En España, los datos recientes reflejan el peso creciente de la población migrante en los nuevos diagnósticos de VIH [2]. En 2024 se notificaron 3.340 nuevos diagnósticos, de los cuales el 57% correspondieron a personas extranjeras. Esta proporción obliga a interpretar la epidemia desde una perspectiva que supere la comparación simple entre población autóctona y migrante. La migración implica diversidad geográfica, lingüística, cultural, genética y social, y cada una de estas dimensiones puede modificar tanto el riesgo de exposición como el acceso al diagnóstico y la continuidad del tratamiento.

La cultura modifica la visión de la enfermedad. Este aspecto es especialmente relevante en el VIH, donde el estigma, las normas de género, la percepción del riesgo, la experiencia previa con los sistemas sanitarios y la confianza institucional pueden condicionar la búsqueda de atención. En un estudio de CoRIS realizado en 2023 sobre población migrante entre los nuevos diagnósticos de infección por VIH [3], se observa que de 20.333 nuevos diagnósticos, el 46,2% eran migrantes, mayoritariamente de Latinoamérica y el grupo de migrantes era más joven, con mayor proporción de mujeres y bajo nivel educativo, y con mayor proporción de transmisión heterosexual. Hay que destacar especialmente que el diagnóstico tardío alcanza el 51% en esta población, con mayor presencia en personas mayores de 50 años, mujeres y personas procedentes de África y Latinoamérica. Estos datos sugieren que las estrategias diagnósticas no pueden limitarse a los circuitos clásicos, sino que deben adaptarse a perfiles epidemiológicos y sociales diversos.

Un elemento central es la adquisición del VIH tras la migración. La infección no debe atribuirse automáticamente al país de origen. Un reciente metaanálisis que incluye casos con seroconversión confirmada [4] estima que alrededor del 30% de las infecciones se adquieren después de la migración. En España, los datos del estudio aMASE [5] señalan que esta adquisición posmigración es más frecuente en hombres, hombres que tienen sexo con hombres y personas procedentes de América Latina. Este hallazgo tiene implicaciones clínicas y preventivas importantes: las personas migrantes no solo necesitan que se realice el diagnóstico al llegar, sino también prevención sostenida, acceso a profilaxis preexposición cuando esté indicada, educación sexual adaptada y entornos sanitarios libres de estigma.

La experiencia migratoria también puede implicar vulnerabilidades específicas. En el caso de las mujeres migrantes, el riesgo más frecuente es la violencia sexual. Este hecho obliga a incorporar de forma sistemática una mirada de género en la atención clínica.

 

(Continua…)

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