María de Lagarde¹·², José Canales³
¹ Unidad de VIH, Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario 12 de Octubre, Madrid.
² CIBERINFEC, Instituto de Salud Carlos III (CB21/13/00039).
³ Director del Comité Antisida de Valencia (ComitéVLC).
E-mail de correspondencia: maria.lagarde@salud.madrid.org
RESUMEN
El cumplimiento del triple 95% establecido por ONUSIDA para 2030 exige superar barreras que persisten en todos los eslabones del continuo asistencial. En España, la tasa de supresión virológica permanece estancada en torno al 90% desde 2016, pese a los avances en diagnóstico y acceso al tratamiento. El informe “Altering the trajectory of HIV in Europe” (Office of Health Economics, 2025) introduce el concepto de “coste de la complacencia” para cuantificar el impacto económico que supone mantener la línea actual, y las cifras son difíciles
de ignorar. Este artículo analiza los principales cuellos de botella en prevención, diagnóstico precoz, adherencia y retención en cuidados, y propone la innovación —entendida en su sentido más amplio, más allá de los avances tecnológicos— como palanca transversal de cambio. Consensuamos que esa innovación solo será efectiva si aborda los determinantes sociales de la salud, reconoce al sector comunitario como agente sanitario de primera línea y construye, con datos y nuevos indicadores de valor, el argumento que las administraciones
públicas necesitan incorporar.
Overcoming barriers and bridging gaps: towards achieving the UNAIDS 2030 goals
ABSTRACT
Meeting the UNAIDS 2030 triple 95% targets requires overcoming barriers that persist across every link in the care continuum. In Spain, the viral suppression rate has remained stagnant at around 90% since 2016, despite advances in diagnosis and treatment access. The report “Altering the trajectory of HIV in Europe” (Office of Health Economics, 2025) introduces the concept of the “cost of complacency” to quantify the economic impact of maintaining the status quo, and the figures are hard to ignore. This article analyses the main bottlenecks in
prevention, early diagnosis, adherence and retention in care, and proposes innovation —understood in its broadest sense, beyond technological advances— as the transversal lever for change. We agreed that such innovation will only be effective if it addresses the social determinants of health, recognises the community sector as a frontline health agent, and builds —through data and new value indicators— the argument that public administrations need to adopt.
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